
12 Informes 2020
Los datos muestran que mientras la comunidad docente ha avanzado en la apropiación tecnológica, el mayor desafío, y a la vez la mayor oportunidad, reside en facilitar que esa capacidad se traduzca en experiencias de aprendizaje efectivas, inclusivas y sostenibles para el estudiantado.
12.1 Docentes
Los datos revelan una acumulación de capital humano docente específico. La alta satisfacción (85%) y adopción tecnológica (93% usa Makecode) sugieren que las y los docentes están desarrollando habilidades digitales. La plataforma CREA puede entenderse como un recurso compartido, similar a lo que en teoría organizacional se conoce como bien de uso común. El alto nivel de satisfacción registrado (84 %) sugiere una gestión exitosa de estos recursos educativos. A lo largo del programa, la comunidad docente ha demostrado una notable capacidad de autoorganización para resolver desafíos colectivos vinculados a la adopción de tecnologías en el aula (fig 1).
Se destacar el diseño cuasiexperimental natural: la variación en el tiempo de exposición (docentes 2018 vs. 2020) y por subsistema permite identificar que las y los docentes con más antigüedad en el programa muestran mayor uso en aula (79% en primaria), sugiriendo efectos acumulativos de aprender haciendo.

El impacto de la pandemia funcionó como un instrumento natural que introdujo una variación exógena en la adopción tecnológica por parte del profesorado. Esta disrupción, reflejada en una caída del uso al 34 % en julio de 2020 y una posterior recuperación al 54 % en diciembre del mismo año, permite estimar la elasticidad de la respuesta docente frente a cambios externos no controlados. Bajo este enfoque, es posible identificar relaciones entre las condiciones contextuales y los niveles de adopción.
La brecha entre quienes tienen placas (92%) y quienes las usan efectivamente (54%) indica fricciones en la conversión de acceso en práctica pedagógica efectiva (fig 3).

La distribución del uso de lenguajes de programación (73 % en Blockly, 45 % en Scratch) refleja una progresión gradual desde entornos basados en bloques hacia lenguajes más textuales, en línea con los principios del construccionismo, que promueve el aprendizaje activo a través de la creación significativa. Esta trayectoria de transición sugiere una secuencia pedagógica efectiva en la enseñanza de la computación. Además, la adopción masiva de MakeCode (93 %) respalda la efectividad de un diseño centrado en la usabilidad docente, donde las herramientas están alineadas con las necesidades reales del aula.

Así como la comunidad docente mostró una notable capacidad de adaptación y apropiación tecnológica, los datos sobre el grupo de estudiantes ofrecen una perspectiva complementaria: revelan tanto los logros alcanzados como los espacios con alto potencial de desarrollo. Analizar el comportamiento estudiantil permite identificar oportunidades concretas para mejorar la conexión entre infraestructura, enseñanza y aprendizaje activo.
12.2 Estudiantes
Los datos permiten identificar valiosas oportunidades para fortalecer el vínculo entre la inversión tecnológica y el desarrollo de habilidades en los estudiantes. Si bien el 91 % retiró las placas micro:bit (lo que refleja una apropiación significativa del capital físico), solamente el 19 % reportó haber aprendido nuevos lenguajes de programación. Esta diferencia sugiere un gran potencial para seguir acompañando a los estudiantes en la transformación de esa tecnología en capital humano específico, a través de estrategias institucionales que apoyen ese proceso.

La pandemia, al introducir una variación externa en el contexto educativo, ofreció una oportunidad única para observar patrones de uso. Entre julio y diciembre de 2020, el uso estudiantil pasó del 32 % al 50 % sin estímulos materiales adicionales. Este crecimiento indica una alta sensibilidad al acceso físico al entorno escolar, lo que refuerza el valor de la presencialidad como facilitador del aprendizaje digital, más que como un simple espacio de instrucción.

También se destaca una tendencia prometedora en la educación primaria: las y los estudiantes más jóvenes mostraron mayores niveles de uso (58 % frente a 47 % en secundaria) y una intención de continuidad más alta (86 % frente a 73 %). Estos resultados sugieren la existencia de ventanas críticas en las edades tempranas para fomentar identidades tecnológicas positivas, con un efecto acumulativo a lo largo del tiempo. Aprovechar estos momentos puede ser clave para consolidar trayectorias de aprendizaje sostenibles.

En cuanto a la participación en comunidades de práctica, el 57 % de las y los estudiantes conoce los grupos CREA, aunque nada más que el 13 % participa activamente. Esta diferencia señala una oportunidad para rediseñar los mecanismos de participación, con el fin de reducir las barreras de entrada y promover formas de acción colectiva más accesibles para el estudiantado.


Por último, se observa una brecha entre el uso docente y estudiantil de herramientas como MakeCode: mientras el 93 % de los docentes la utiliza, solo el 27 % de los estudiantes lo hace. Esta diferencia no necesariamente refleja un problema, sino una oportunidad para alinear mejor los enfoques pedagógicos con las formas en que los estudiantes aprenden y exploran. Fortalecer esta conexión puede amplificar el impacto de la tecnología en el aula, haciendo que las herramientas lleguen más lejos y más profundamente en la experiencia estudiantil.
12.3 Comparación y conclusiones
Al observar en conjunto los datos de docentes y estudiantes, se delinean patrones de convergencia y áreas de desalineación que pueden guiar futuras mejoras en la implementación del programa. Por un lado, el alto nivel de adopción tecnológica entre la comunidad docente (especialmente el uso de MakeCode (93 %) y la apropiación de entornos de bloques) indica un entorno preparado para el uso didáctico de herramientas digitales. Por otro, el uso más limitado entre estudiantes (27 %) sugiere que todavía hay espacio para reforzar la transferencia pedagógica y construir puentes más sólidos entre el dominio docente y la experiencia de aprendizaje del alumnado.
La comparación también revela diferencias importantes en la participación colaborativa: mientras la comunidad docente logra niveles moderados de autoorganización en grupos CREA, el grupo de estudiantes conoce estos espacios, pero participa poco. Este contraste señala una oportunidad para repensar los formatos de participación, diferenciando estrategias según edades, niveles educativos y formas de motivación.
Tanto en docentes como en estudiantes, la pandemia actuó como un catalizador que permitió observar elasticidades en el uso de la plataforma frente a condiciones externas. En ambos casos, la recuperación del uso tras la reapertura escolar resalta el papel clave de la presencialidad como infraestructura social que sostiene el aprendizaje digital.